miércoles, 20 de junio de 2007

BAILAR ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD… CUANDO UNO NO SABE.



La fiesta estaba en sus buenas. Yo había llegado con mi tumbao de jevito malcomido, melena grasosa con aceite de aguacate (un aceite verde hediondo pero de moda en aquel entonces), poloshirt de rayas con cuello de tortuga, pantalón de tubitos y unos zapatos que brillaban mas que las estrellas del cielo (acabados de teñir con Rápido). Eran los años 80.

Inmediatamente divisé la pista. Estaba ansioso de bailar hasta gastar las suelas de los zapatos con las canciones del Mayimbe, El Zafiro y Tony Sebal. En esos momentos llegó Ramona, una chica que acababa de mudarse al barrio y no había tenido tiempo de sociabilizar con nadie. Tuve la suerte de que me hizo coro pues era tímida, y como trabajaba un en el colmado de mi papa, pude tener contacto con ella antes de la fiesta pues ella le hacía los mandados a su mamá.

Ramona era rarita de cara, pero tenía un cuerpazo que evitaba que alguien se fijara en su cara de diabla. Era como dice el catedrático Raúl Montero alias “boca e trapo”: “Esa chica tiene cuerpo de tentación con cara de perdición”. Tenía un vestido blanco ceñido al cuerpo que mostraba la protuberancia de sus partes intimas, que volvían ciego a cualquier vidente que tuviera 20-20 convirtiéndose en 5-35 (5 vista a la cara y 35 vista al cuerpo).

Yo quería lucírmela en esa noche y la invité a bailar. Grave error. En ese momento comenzó mi historia sin fin, pues Ramona no era tan tímida como pintaba, bailaba más malo que un alemán recién llegado al país y me sentí como si estuviera en un vía crucis de viernes santos, pero yo llevando la cruz.

Nunca pude descifrar su código bailaril, pues cuando yo iba para la izquierda ella cogía para la derecha. En vez de bailar parecíamos dos luchadores olímpicos. Fue la bachata mas larga de mi vida y que decir de los merengues que maltratamos más de una vez. No me hallaba ni con radar de la nasa, la pista de baile la sentía más grande que nunca. Para el colmo de los males ella se la estaba pasando súper pues hasta llegó a decirme en más de una ocasión: “¡Tuve! contigo si me gusta bailar, pues me siento cómoda”.

¡Ay mi madre! Exclamé para mis adentros mientras ella me sacaba a bailar hasta los anuncios. Muchos nos dejaban la pista a nosotros solos por temor a salir heridos en la pelea sin fin que protagonizábamos en ese lugar. Ya mi mente buscaba la forma de salir ileso de aquella batalla sin cuartel que por lo visto ella estaba ganando.

Muchos disimulaban las risas con sus manos, otros me miraban de reojo y uno que otro fresco me preguntaba: “¿Suya caballo?”, a lo cual me hubiese gustado responder: “No, del hipódromo”. Pensé en excusas para deshacerme de ella sin ofenderla porque no quería herir sus sentimientos. En mi mente pasaban ideas desde dolores menstruales hasta muerte de parientes cercanos para alejarme de la terrorista.

Me salvó la campana Tatico un compañero de estudios que acababa de llegar a la fiesta y no había visto el show que asía ella. Inmediatamente que más rápido los presenté y le dije que ella era una buena bailadora. El se emocionó muchísimo y con lágrimas casi en los ojos me dio las gracias por el chance que le había dado. Ese momento aproveché para irme para mi casa pues no podía estar en la fiesta, no después de pasar tanta vergüenza y de estar estropeao por el baile. Después de eso, Tatico no ha vuelto a confiar en mí. Cada vez que me ve me dice: “Lo tuyo no tuvo madre, degraciao, disque mi amigo”.

2 comentarios:

Josefina dijo...

Querido Monje,

Eso está loquísimo. Me refiero a que no es lo mismo llamar al diablo que verlo llegar, como dicen.
Pero dale a la chica un chance, los que nacemos con dos pies izquierdos podemos tener a cambio un gran corazon.

R.E.L. dijo...

Te quedó Heavy, esos son los merengues mas largos de la historia los que uno baila con una pareja no agradable(al menos en el baile)